Los ciclistas beben mucho

Un ciclista que dio positivo en las pruebas de alcoholemia chocó contra un turismo en la rotonda del Polígon de Son Castelló.

Como los peces en el río, dirían muchos haciendo gala del famoso villancico. Y no se refieren a los refrescos isotónicos. El miércoles 13 de mayo, un ciclista que dio 0,26 en la prueba de alcoholemia practicada por la Policía Local de Palma, chocó contra un turismo en la rotonda de entrada al Polígon de Son Castelló, en Camí dels Reis. El susto se saldó con un acuerdo amistoso, un retrovisor destrozado y un arañazo en la ventana del conductor; aunque la noticia en sí suscitó numerosos comentarios tras el positivo de quien circulaba a dos ruedas. El conductor del turismo afectado nos contó lo ocurrido: «Yo iba por el carril derecho que se desvía directamente hacia el polígono y el ciclista que venía de la rotonda, no miró y se me echó encima. Frené a fondo pero fue imposible evitar la colisión». Tras unos segundos de confusión, el propio conductor y otra testigo auxiliaron al herido y comprobaron que no había sufrido lesiones graves; aunque dieron aviso a la ambulancia. «Cuando los policías dijeron que iban a hacer las pruebas pensé ‘a este lo pillan’. Tenía toda la pinta. Era sutil pero es cierto que los ciclistas beben mucho. Te lo digo yo, que tengo un bar y lo sé de buena tinta», reveló el hombre. No lo decía para condenar al colectivo porque, de hecho, él mismo practica el deporte pero sí para exponer sobre la mesa una realidad de la convivencia entre coches y bicis que agrava aún más, si cabe, la relación de ambos en carretera. «Conduzcas lo que conduzcas, no hay que tomar alcohol. Como ciclista que soy hay que tomar medidas y estar al tanto siempre del resto de conductores, sobre todo por ti, porque es tu cuerpo quien va a sufrir el golpe. Y usar casco, eso también, porque no lo llevaba puesto», explicaba el conductor accidentado, quien espera ahora que el ciclista le contacte para arreglar los desperfectos ocasionados en el turismo. Puede que fuera un hecho puntual, pero no hay duda de que los bares a media mañana, congregan mesas y mesas de ciclistas que, en mitad de la ruta, pausan para la merienda y la acompañan de alguna que otra cerveza. O lo que surja. Que hay de todo. También hay de los que no prueban el alcohol. El quid de la cuestión reside en que circular por la Isla hoy en día no es nada fácil. Y requiere una buena dosis de paciencia, sobre todo cuando se circula tras un pelotón que ni de dos en dos, ni apartarse a la derecha. Que las carreteras son estrechas y si te pilla por la montaña, no hay vía de escape. «Hay conductores que esperan infinitamente y nos guardan el margen correcto para adelantar y otros nos ponen en riesgo. Los ciclistas hacen lo mismo. Yo he visto a deportistas apearse para dejar pasar los coches, pero hay de todo», prosigue el afectado. Una sola décima convirtió la merienda de aquel ciclista en una sanción administrativa; pero si los controles de alcoholemia habituales para los coches, se aplicaran con la misma frecuencia a los vehículos de dos ruedas, igual nos llevábamos una sorpresa.

Publicado en Ultima Hora – 20/05/26

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