Jorge circulaba tranquilamente por la calle Teodor Llorente bajo una repentina borrasca que oscureció el cielo en segundos y comenzó a descargar agua con intensidad. Le acompañaba una importante tormenta eléctrica que dejó ver algún que otro rayo en el cielo. Y en la tierra, por lo que parece.
Eran las 17:20 horas de la tarde del miércoles y mientras Jorge giraba hacia la izquierda por el Passeig Mallorca, descubrió sorprendido su capó en llamas. «Se encendió en un momento. Había fuego por todo el capó. Y estaba lloviendo», explicaba el conductor confundido. Los presentes lo tuvieron claro: «A este coche le ha caído un rayo», decían.

En mitad de las llamas, una mujer entró a pedir ayuda en el establecimiento Natura, frente al cual el coche ardía con intensidad. Los empleados sacaron el extintor y Jorge acabó con el incendio. Los Bombers de Palma llegaron en décimas de segundo. «Qué raro», comentaban incluso los efectivos. El motor apareció totalmente derretido. Y sobre el mismo, una extraña marca que parecía la huella de una descarga eléctrica puntual en mitad del capó, un rayo. Por verosímil que parezca.


Lo curioso es que Jorge no notó impacto alguno ni oyó el estruendo propio de algo así. Se lo contaba al operario de la grúa, quien le dejó claras dos palabras: «Siniestro total», dijo. «Esto no tiene arreglo». Según el conductor, quien sólo llevaba con el coche un año, no tenía problema mecánico alguno ni vio humo durante el trayecto, sólo fuego, rápido como un rayo, eso sí. El pobre Jorge ya tenía demasiado con el susto. No quería saber nada de fenómenos meteorológicos. Aunque yo sé quien lo averiguará (o no): Su compañía de seguros, por la cuenta que les trae.
Publicado en Ultima Hora – 8/05/26