Además de atender los sucesos graves del día a día en Ciutat, los agentes también deben afrontar llamadas que rayan el surrealismo
La época dorada de las bromas telefónicas en los números de Emergencias quedó, por suerte, muy atrás; aunque seguro que algún que otro agente de la Policía Local de Palma se transporta en el tiempo durante esas tardes en las que la ciudad parece haberse puesto del revés. Ocurrió el pasado jueves. No hubo broma alguna pero las llamadas fueron tan extravagantes que cualquiera podría haber pensado lo contrario.
A las 14:45 horas, llegó un aviso desde el Castell de Sant Carles, el museo histórico-militar situado en el Dic de l’Oest: «Hola, hemos venido a hacer la visita pero al salir ya no había nadie, nos han dejado encerrados aquí», contaba la voz del teléfono. Normal, el horario de apertura acaba a las 14:00 horas. Los agentes ayudaron a los tres visitantes despistados a abandonar las instalaciones militares.
A las 15:40, la llamada de un ciudadano preocupado irrumpió en la centralita. Había pillado a un hombre robándole los faros de su coche. El ladrón, al verle, subió como alma que lleva el diablo a su camión y abandonó el lugar. ¿Se le habría fundido un foco de su vehículo pesado?
Pasadas las 16:00, varios ciudadanos llaman para dar aviso sobre una mujer que deambula descalza y semidesnuda entre los coches de la Avinguda de Comte Sallent. «Le he dado agua pero no está mal», dice el requirente al teléfono. Poco más puede hacer la policía, que se dirige dispuesta al siguiente aviso, aunque pondría la mano en el fuego de que hubieran preferido ahorrárselo.
17:05: ‘Hay un señor defecando y gritando en la vía pública’. Ahá. 17:09: ‘Hay una señora intentando limpiarse porque lleva defecando media hora en la calle. Lleva un pijama a cuadros y una camiseta de oso’. ¿En serio? Una dotación se desplazó hasta Porta de Jesús para atender y deshacer el turbio y escatológico suceso. Que bien podría haber sido lo más surrealista de la tarde pero no cayó esa breva: «Hay una oca correteando por el patio del Colegio Rafal Nou y hay niños en extraescolares».
Según ha podido saber este diario, la oca no atacó a ninguno de los menores pero sí paseó hasta ser vista, media hora después, entre Germans Escales y Sant Josep Obrer. De colegio en colegio, y tiro porque me toca. La caótica jornada acabó con un contenedor en llamas, dos vecinos alertando sobre un señor sospechoso en silla de ruedas que daba vueltas por Son Cotoner y una hoguera encendida en la arena junto al restaurante de la playa de Cala Major. ¿Quién da más? Para que luego digan que ser policía municipal es fácil.
Publicado en Ultima Hora – 7/10/2026